La noticia del inicio de la licitación para la remodelación del Teleférico de Puerto Plata ha sido recibida con vítores y aplausos en diversos sectores. Sin embargo, tras la presión mediática se esconde una decisión financiera que, lejos de ser un triunfo, podría traducirse en una ejecución más lenta, una obra de menor envergadura y un uso ineficiente de los recursos estatales.
El haber logrado que el proyecto se financie con fondos del Ministerio de Turismo en lugar de utilizar la figura del fideicomiso público no es más que un retroceso en la agilidad administrativa.
Se hace necesario desmontar el mito de que un fideicomiso público es privatizar. Es, en esencia, blindar un proyecto. Al utilizar esta estructura, el Estado puede acceder a fondos especializados —como los disponibles en el Banco de Reservas o los fondos patrimoniales de las AFP— sin desangrar los fondos de ese ministerio. El Teleférico es una obra noble y, sobre todo, autosostenible; su propia operación tiene la capacidad de repagar la inversión con facilidad.
Al optar por el esquema anunciado resultará en una obra menos segura, más lenta, quizás sujeta a la utilización de materiales inconsistentes. Lejos del control estricto del fidecomiso, la ejecución podría durar más tiempo para entrar en operación y ser de menor calidad.
Por ceder ante la presión y el populismo, se ha cambiado una solución sólida por un espejismo presupuestario. Sin dudas la remodelacion mediante el fidecomiso era la mejor opción.